jueves, 22 de octubre de 2020

DONDE LOS DIOSES DUERMEN

Entre otras denominaciones, se le conoce como el "dios que llora", por los círculos que "caen" de sus ojos, aunque evidentemente, esas señales pueden representar cualquier otra cosa que no sean lágrimas y que tan solo el artista (o puede que tampoco él, sino quien encargase la obra) supiese qué representaban cada uno de los símbolos y figuras de la imagen.

Aquellas civilizaciones tenían una concepción estética y conceptual bastante apartadas de las que nos son comunes a este lado del mundo y pese a ello, no deja de ser algo exclusivamente humano. Que sepamos, no hay animales distintos a nosotros que representen gráficamente conceptos abstractos, imágenes de adoración y símbolos, por ejemplo las banderas, por los que matar o matarnos. Somos animales, pero en absoluto iguales por mucho que se nos quiera equiparar y establecer paralelismos de "mínimo común denominador" tan en boga por gentes extraordinariamente abocadas "a la baja" decididos a igualarnos a cualquier organismo mamífero u otra cosa, cuando en realidad somos un producto muy específico, parecidos al jodido mono, pero, en algunos casos, separados por un universo de diferencias que no se explican por la pequeña variación en el porcentaje del genoma de los simios/primates con respecto a ciertos individuos (que no todos) de la humanidad.

Los artistas mayas llamaron "waybil k'uh" (lugares donde dormir para los dioses) a los modelos arquitectónicos y las figuras representadas que eran concebidas como las "moradas para lo divino", no "moradas de lo divino". El matiz es importante ya que presenta la opción entre que la imagen o la construcción sean por ellas mismas la "casa del dios" o por el contrario tales receptáculos hayan de ser "ocupados", previsiblemente previa adoración o consagración, como algo donde "el dios" o ciertas cualidades de la divinidad, podrían llegar a "residir".

Esto es, desde luego, algo muy alejado de la mentalidad cartesiana, pero durante miles de años y aún hoy en otras partes del mundo, se sigue practicando en el ámbito de las religiones por parte de los creyentes en lo referido a los recintos sagrados, sean para el culto o no, o por las propias imágenes asignadas a la divinidad. Por lo que cabe preguntarse qué grado de "divinidad" ostentan los crucifijos con el dios cristiano crucificado, las simples cruces o cualquier otra cosa entre las multitudes de símbolos que pueblan el mundo de la "conexión con lo divino".

La respuesta es, lógicamente, que tendrán la "majestad" e influencia en nos que le otorguemos de forma consciente o inconscientemente... influenciados quizá por "otros" que siempre van a tener sus propios intereses y agenda.

Volviendo al dios cristiano, resulta pavoroso imaginar que una parte de ese dios permanezca eternamente crucificado en sus representaciones, así como los portadores de él estar de acuerdo en terminar igual por amor a los demás o, echándole un morro tremendo, que su "sacrificado" dios siga perdonándoles sus pecados y sacrificándose por ellos para poder acceder sin problemas al "paraíso", ya se sabe, la carne es débil, pero la cara durísima, de "ultradamantium" por lo menos, en según qué casos.

Otros, por ejemplo judíos y musulmanes, tienen prohibida la representación de imágenes de la divinidad por motivos de peso. El primero es porque tienen claro que Dios es un concepto que va más allá de lo que los humanos podemos alcanzar, por lo que limitarlo a la representación de una imagen, no deja de ser un tipo de blasfemia. Por otro lado, tienen claro hasta qué punto los humanos tenemos tendencia a caer en la idolatría, desde antes de los tiempos del Becerro de Oro y confundir la propia imagen creada por nuestras manos con lo que es la esencia del propio "dios" asociado, llegando a ser en efecto la misma figura algo, en efecto, divino.

- "Estela en Copán" por Frederick Catherwood, 1843 -
Y efectivamente, lo más característico de los humanos es que somos capaces de creernos cualquier cosa así como la atávica necesidad de "adorar" algo superior a nos que va a ser nuestro benefactor; puede ser el político de turno, puede ser el dios del amor y la chimichanga, pueden ser las mascarillas que más "nos protejan" del mal de moda, que, pese a los avances científicos y el progreso mental occidental, no deja de ser un eco de las "máscaras del dios" que otros portan en sus rituales africanos para conjurar ayudas y ahuyentar maleficios. Y el efecto viene a ser el mismo: muchas veces incluso funciona.

Lo interesante sería saber si hay algo de cierto en esas extrañas vibraciones de "lo invisible", como sucede con la radiónica, el vudú, las maldiciones gitanas y demás historias porque si bien es cierto que muchas veces creer, sintiéndolo de verdad, es "crear", la asociación de la imagen con lo que representa, podría "per se" ser algo automático. Sucede con los símbolos en la medida en la que los reconocemos e interpretamos, pero tienen un componente independiente y originario que impregna el inconsciente al verlos, aunque no nos apercibamos de ello.
Una imagen o figura especial, ¿podría tener las mismas cualidades que un símbolo?.

De ser así, en cierto modo estarían unidas a lo que representan y si bien el quemarlas o destruirlas ejerciendo la "damnatio memoriae" es poco probable que vayan a causar mal alguno al representado, salvo que tuviese conocimiento de ello, ¿podría influir de algún modo en el "otro mundo"?, ese territorio inaprensible del que somos reflejo o que, al contrario, es nuestro reflejo de aquí allí...
Esto precisamente es lo que algunas tradiciones, en especial las animistas, mantienen y todo tiene su propia "alma", cualquier objeto de este mundo queda provisto de una chispa divina, por pequeña que sea. Cuando aquí se mata o destruye, no queda claro qué es lo que sucede al "otro lado". Entendemos que en nuestro mundo ocurre de forma inevitable pero más allá, simplemente (salvo aquellos en posesión de la "verdad absoluta") lo desconocemos, incluso si realmente existe la posibilidad cierta de la realidad de ese otro mundo, que prácticamente todas las criaturas humanas han tenido en su imaginario colectivo o individual desde que hace miles y miles de años algo que no era un mono cualquiera, aprendió o imaginó cosas que los anteriores no habían tenido y todo cambió en lo sucesivo para las obras y las adoraciones...

Para algunos, los dioses duermen en las construcciones dedicadas a ellos y en sus imágenes, los despertamos cuando viven en nosotros y los adoramos. Si a los ángeles Dios les queda lejos, para los mortales siempre será necesaria una mínima parte de un vínculo aquí con lo de "allí". Para los cristianos es la imagen del "hijo de Dios", beber su sangre y comer su carne, es tenerlo "tangible" y en una inquietante "unión íntima".

Para otros, la cosa es diferente y el templo, unión y cesión de energía es la mente, en todo momento y lugar, su lar donde viven despiertos es uno, siendo esos curiosos seres que aquí llamamos angeles/espíritu/daimón el vínculo invisible con.... lo que sea, invisible, pero que también podría ser visible y no solo en sueños sino también por su imagen asociada donde "duermen" esperando la llegada de aquel que les pueda "ver" y así "despertar".


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