martes, 11 de abril de 2023

ADIOS DRAGON

- ARS GRATIA ARTIS: Darek Zabrocki -

Resulta curioso el efecto que tiene la sorpresa cuando nos encontramos de improviso y cara a cara con alguien que estamos acostumbrados a verle en TV, me pasó hace un tiempo con Jesús Calleja mientras él remontaba solitariamente en bicicleta una de las innumerables cuestas de la parte alta de Lavapiés, frente a frente no pudo evitar sonreír un poco ante mi cara de sorpresa al reconocerle mientras yo me cruzaba de bajada en sentido contrario.
No era la primera vez que sin haber nadie más en la calle me encontraba con una persona revestida con la pátina de la fama televisiva.
En Septiembre del 2018, muy temprano en la mañana de aquel Sábado, me encontré en la desangelada plaza Campillo del Mundo Nuevo a D. Francisco Pérez Abellán, le conocía por sus participaciones en CUARTO MILENIO. Volvía del trabajo con sueño y ganas de llegar a casa, por lo que ni aflojé el paso, pero no pude evitar volverme a mirarle y preguntarme qué estaría haciendo él solo por allí, observando las fachadas de los edificios. Hubo nuevo intercambio de miradas, quedando en silencio claro para él, que yo le había reconocido. 
Es el inevitable sentimiento, para ellos, de saberse conocidos por el vulgo; supongo que con buena fama... ha de ser agradable; aunque cargante en según qué situaciones, pienso.

Yo era todavía aceptablemente joven a mediados de los 90 del s.XX, y tenía la costumbre de saltarme días de clase en la Facultad para, entre semana, deambular paseando por diversas zonas de Madrid, cuando todavía, podía ver esta ciudad con los ojos de alguien que apreciaba lo que de bueno o bonito pudiera haber en ella.
Largas caminatas complementadas con el BUS que, hechas en solitario cuando todos andaban en clase o trabajando, me proporcionaban un grado de satisfacción y sabor a libertad que no he vuelto a tener desde aquel entonces...

Una cristalina mañana de Primavera fui a cruzar el amplio paso peatonal que desde la parte baja de la Plaza de la Independencia conduce hacia Alfonso XII, cuando en la propia acera en la que me encontraba, recién atravesadas las bandas blancas y negras, aparecía una muy conocida figura, y yo diría, que admirada persona. Familiar en las pantallas desde que era un renacuajo que me sentaba frente al televisor en blanco, negro y su infinita gama de grises en UHF: D. Fernando Sánchez Dragó.
Me quedé parado en el sitio mirándole ojiplático, mientras él seguía andando con donaire, sujetando enfrente el periódico se levantó las gafas hasta la frente me lanzó una divertida mirada como diciendo "Sí, efectivamente, soy yo", y siguió caminando mientras bajaba de nuevo la vista hacia lo que estuviese leyendo.

La verdad es que la casualidad del fugaz encuentro y lo que es tener a poco más de 1 metro a un famoso al que aprecias, aunque sea por un par de segundos... impresiona para todo el día a alguien como yo. Y todavía, en estos tiempos oscuros, recuerdo perfectamente en mi cabeza la gracia que tuvo aquel instante.

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Fuente: EL MUNDO, Diario online

Y tenía sentido del humor; en una de sus columnas en papel impreso, me acuerdo, vagamente, de un relato que, hipotéticamente, especulaba sobre lo que sería el año 2000 y más allá. Me hizo muchísima gracia un concepto allí acuñado: la pornodentadura.
Hoy, en el 2023, cuando todos los que se dejan un Potosí en arreglarse los dientes y, una vez logrado con éxito, no paran de hacerse auto retratos para mostrar en primerísimo plano a todo Quisque / Quisqui  (Too Kiss Ki en "newageano") las perfectamente alineadas y blancas piezas que cabalgan labios y sonrisas, aspirando a la misma perfección que los alineadores invisibles, carillas y demás avances han conseguido, gracias al poder del dinero, la ciencia y el deseo de arreglar lo que la naturaleza apiñó de mala manera; lo difunden como si de un nuevo hijo se tratase, y hasta la saciedad, entre todo pariente, amigo o desconocido que pueda estar al alcance de sus envíos electrónicos. 
Hasta una recalcitrante irredenta en el tema como es MF, cedió finalmente; y para CANNES 2021 ya tenía su propia dentadura remozada y lista para hacer pornografía "perfecsonrisil" ante las cámaras. 

Pero volviendo con el Sr. Dragó y las cosas serias, me quedo con un comentario que hizo en un programa donde se tocaba el tema de la muerte; como buen didacta y orientalista lo resumía el asunto de las reencarnaciones así:  "Según el Bardo Thodol, al morir, el que ha adquirido un determinado nivel, ve la luz, sabe lo que significa, lo que es, la reconoce y ya no debe reencarnarse más."

Naturalmente me quedé con las ganas de saber a qué se refería, y entonces, especular propiamente sobre qué podría ser la famosa luz, según él... 
Desgraciadamente sobre esto no hay certezas matemáticas y absolutas, amén de que, lógicamente, cada uno ha de pasar solo ese umbral, reaccionando según sus capacidades, actitudes y aptitudes ante la supuesta Luz.

Supongo que ya ha encontrado la certeza de la respuesta al enigma planteado por el Bardo T.

En fin, en cualquier caso, cuando pase el tiempo, de él se recordarán sus libros, que si todo va bien, pueden perdurar siglos en papel y en formato electrónico o lo que haya para ese entonces; pero los que hemos compartido tiempo de vida generacional coincidiendo con FSD y hasta que nos toque pasar a primera línea para cruzar hacia la dichosa luz, lo que recordaremos de él no serán su gran cultura, ingenio, publicaciones o programas de TV, lo que siempre le asociaremos como fantástica hazaña unida en la fama a su persona, es, haberse follado a la vez a un par de chavalas orientales que, como es sabido por la talla, hace que destaque en escala el tamaño del dragón que las sondeó en las húmedas cuevas (6 cuento yo) que le ofrecieron hasta que fueron salpicadas con el fluido que anhelaban.

Eso merece un buen brindis y que allá donde vaya siga teniendo sus buenos ratos de cama...

Buen viaje y hasta siempre viejo Dragón.

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