Flotaba en el vacío crepuscular.
Abrazados, el mentón de cada uno de ellos
apoyado en el hombro del otro,
girando alrededor de un eje común,
en un giro interminable.
A su alrededor
-no existía arriba ni abajo-
no había nada.
Nada excepto el invisible aire
que los empujaba hacia el centro de la esfera,
hacia el sol oculto
tras una nube de polvo.


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